Tormentas
Los días se hacen más largos y voy fabricándome, imagino, una merecida fama de cuartomilenarista comentando con mis conocidos y con quien se atreve a escucharme, el tema de la tormenta solar. Dicen que pasa con mucha frecuencia, pero a mi me resulta del todo inquietante que anuncien que va llegando hacia la tierra y que llega entre los días 8 y 9. No debería añadir, pero lo hago, que después de una semana de tiempo nuboso, lluvioso y monzónico, ahora va y el cielo se despeja, y que a mi me parece que las nubes protegen, qué se yo.
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Invaden la Carrera de San Jerónimo quizá espoleados por el mentado Monzón madrileño los mantras tardíos, ya en casi un mes, que allí se gritan sin parar. Destaca un tipo con un megáfono de indudable influencia misadominical en su oratoria (contenido y forma). Recuerdo vagamente que la convocatoria inicial recorría el Paseo del Prado y me pregunto qué tipo de fenómeno aceleratorio les llevó unos metros más allá. Quizá la reciente remodelación de la plaza aledaña al Palace (esto si que hubiera resultado sabroso, más que sol) impidió el adecuado rozamiento y no se pudo hacer otra cosa. Me viene a la cabeza el conocido problema de la rampa.
Mañana, un día más, me levantaré a las seis pero, eso sí, desconectaré todos mis aparatos eléctricos. Que no he leído en ninguna parte que se haga, ni nadie me lo ha aconsejado, pero también cierro las ventanas cuando llueve aún sabiendo que ni en las peores tormentas entra el agua porque hay doble cerramiento. Malos tiempos para spidermanes.
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