Tuesday, 31 May 2011


La Sopa boba

Tras ser víctima de la ancestral costumbre española de probarse vestidos blancos con maquillaje, y fracasar en mi ambición de conseguir uno limpio, he tirado por el camino más corto hacia la gran vía. En la esquina de la casa del libro me han preguntado si estaba dispuesta contribuir a un estudio de mercado y, como eso que dicen por ahí de que cuando te vas a morir la vida pasa en diapositivas condensadas, me vino a la cabeza la crisis y el difícil trabajo de la entrevistadora. He accedido a ello. Tras preguntarme los datos estándar, llega el turno del producto. Se trataba de sopas. (¿Hay algo más adecuado para los tiempos que vivimos?)

A nadie se le escapa que debajo del metro gran vía instalan la finca de vacaciones de todos los infiernos que en el mundo han sido y, teniendo en cuenta que mañana entramos en junio, el tema sopa no me pareció un tema pertinente o de buen gusto, sin embargo, las diapositivas otra vez, me hicieron seguir adelante.

Poco a poco fui dejando constancia de mi irregular consumo de sopas, que fue adecuadamente normalizado por la entrevistadora y ya me estaba yendo cuando me dice que, a continuación, viene la cata. Otra vez dudo y otra vez diapositivo y, como consecuencia, doblamos la esquina y entramos a un hotel, dentro del cual, el olor a sopa de pollo iba haciéndose cada vez más evidente.

Animada pese a la temperatura ambiente, a probar la sopa de brick, y alentada por las botellas de agua que adiviné fresca que se divisaban, entré en la sala. En ella habia unas mesas paralelas con personas sentadas mirando en una misma dirección a cuyas espaldas se alzaba una mampara y detrás de la cual había una cocinilla, que enseguida interpreté para qué servía.

Sin embargo, fui frenada porque no había sitio. No me había fijado al pasar pero fuera de la sala, había un chico en un sillón, aburrido; me entretuve observándolo pero sin mucho interés. A los pocos minutos tomo asiento frente a un plato de palitos de pan, botellines de agua y vasos . Se acerca un entrevistador con una encuesta y una cuenco de sopa, que no podía probar de inmediato sin considerar antes su textura, consistencia, color y olor. Había que comerse la sopa con fideos y opinar. opino. Al acabar, otra sopa similar me hace discurrir por el mismo camino, añadiendo, que para eso estamos en Madrid, cual de las dos me gusta más.





De regalo, un paipai.

Monday, 30 May 2011







Vecinitos

Reconozco que, adepta a la sopa fría de pepino desde que tengo la ortodoncia, me dio reparo prepararme la última.

Me inquieto. Entre las olas de noticias no llegan las que ansío ¿la bacteria se transmite de cualquier manera o hay maneras de eludirla?. ¿Se supone que puede extenderse a los gazpachos en general o tan sólo a los frescos?. Necesito saber algo más y, de pronto, en la ss fuentess y lodoss del google aparece ssubida a una tribuna con el reichtag de fondo la Escherichia coli (ssi, he tenido que copipastearlo). A la vez he sentido en mi antebrazo un brazalete con una ampliación de la coli en cuestión ssserigrafiada, en colores rojo, amarillo y rojo (al fin y al cabo soy española ¿no?)

Para olvidar mi aburrida madrileña vida de esquivadora solar, he ojeado, (de echar un ojo), unas fotografías de la jornada. Una buena bloggera debe estar informada. Duomo, Milan, Milano.. acartonada catedral, arlequín, colombina y acartonados seguidores que se aferran a obsoletas ideologías pensando que así, correrá la savia que perdimos por el camino.

¿Cómo era aquello? No hay rusos en el Kremlin, ¡no! (ilegales, años 80)

Sunday, 29 May 2011

La hermandad

Como soy una absoluta desconocida y como nadie lee los blogs de nadie me voy a permitir hablar de la hermandad. De la hermandad no se puede hablar así como así.









Nunca pertenecí a la hermandad, aunque reconozco que a veces estuve pastando (¿pasto?)cerca, de manera totalmente inconsciente pero intuyendo que algo sucedía alrededor. Antes, cuando eso ocurría, la hermandad estaba más difusa.

Como era más joven que ahora, cosa que siempre sucede en el pasado de uno mismo, me permitía el lujo de mirar con la superioridad de quien mira lo anacrónico o a alguien que va vestido con lo que sabes de sobra que tu no te pondrías ni en tus peores disfraces de andar por casa.

Se hacían de la hermandad, si, pero eran tan escasamente brillantes, tan feos, tan poco deseables que se podía entender. En la hermandad les acogían al fin y al cabo. Otros no necesitábamos ese tipo de ayuda (dicen que de joven uno piensa que puede hacerlo todo.. . Yo solo noto la edad en que me canso más. Empiezo la mañana como si fuera joven y acabo el día con más edad de la que tengo, así que supongo que envejecer es notar cómo los días acortan porque al rato de pensar en hacer 25, te das cuenta de que no harás 5). Los que se hacían de la hermandad, ancianos prematuros, veían con envidiable? madurez realista lo que eran y se daban cuenta de lo que la hermandad les podía reportar.

Ahora el carácter difuso ha desaparecido. En eso que es mi facebook hay cuatro o cinco personas que , sin duda, pertenecen a ella. Llegaron a mi espacio por muy diversos caminos, ocio, trabajo, antiguos compañeros.. No los elimino, no: así puedo ver cómo funcionan de cerca. Ante cualquier acontecimiento, ellos saben siempre lo que hay que decir. En realidad, no se si lo saben o se lo dicen, pero lo transmiten. Mientras lo transmiten se sienten seguros, quizá es que lo están.

Yo se lo que opina la hermandad en cada momento y respecto a cada cosa. Nunca tienen la tentación de que les gusten los toros o la carne. Siempre saben que si algo se relaciona con lo que llaman derecha es malo. Ellos saben quien es bueno y malo, saben lo que hay que leer, lo que hay que decir y a dónde hay que ir.

Pero los que no somos de la hermandad pasados los 25 años hemos desarrollado una especie de anticuerpo y, aunque quisiéramos, no podíamos dar un paso hacia ella, aunque lo intentemos, no podemos; hubo quien me contó que al tratar de hacerlo le salieron unos ronchones grandes por todo el cuerpo como cuando me quitaron aquella muela, y hay a quien le sube la fiebre. Me pregunto si esto no ocurriera y todos pudiéramos constatar nuestra adhesión si la hermandad se disolvería: vive de tratar de ser diferente al resto, aunque cada vez sean más los adeptos.











Lo se, esto es como los que piensan que aquellos americanos no llegaron a la luna, paranoias.

Saturday, 28 May 2011

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Calendario del fin
Y bueno, me dediqué a leer todo lo relativo al calendario maya y el “fin del mundo”. Siempre me agobió la idea de verme enredada en un cataclismo definitivo, estúpidamente, siempre me asustó más que una muerte normal. Mucha gente piensa que, puestos a morirse, da lo mismo que se acabe todo alrededor. No es mi caso, quede claro.
Supongo que algo me dice que la perspectiva es la de ir agarrada a un trozo de planeta muy inestable, convertida en inválida porque mi miopía no me permite ver: las gafas no las tengo al día y debería depender de las lentillas, mensuales, es decir que imagino un mundo regido por Molokai , el chico del maíz que quiere deshacerme de mí y lo consigue porque yo no lo veo hasta que llega a un metro de distancia.
De la misma manera, supongo que no hay médicos, así que el calendario maya ha provocado en mi un ansia desmedida por arreglarme todo lo aún arreglable. Me animo a mi misma diciéndome que aun en el supuesto de que la llegada al día de la galaxia no fuera algo definitivo y el agujero negro no nos tragara a Molokai y a mí, el copago sanitario viene encima de forma inminente.
Claro que, si todo esto no ocurre, ni siquiera la cacareada tormenta solar, que deberían reclamar África o el Polo Sur sin lugar a dudas, seré una ancianita entera, con los achaques de la edad y sin piso, porque me lo gasté todo en arreglos, que a saber si en unos años no se vuelven a desarreglar. Siempre atenta a 1984 ahí sigo echando mis diversas loterías y euroloterías.
Un día cercano ví un programa de los buscadores de las basuras: sacaban paquetes de ensaimadas tal cual, desechados por estar caducados... parece una solución pero, si cuando llegue a ese estado indigente disfruto de 70 otoños y teniendo en cuenta que nunca he tenido medio golpe, me puedo imaginar a un Molokai ya más crecido, que para todos pasa el tiempo, tirándome al suelo de un manotazo.