Aún recuerdo el día en el que con un camión-grúa fueron depositando uno tras otro los hexágonos maceteros de la nada bajo mi ventana. Los que rodean el resto del edificio no sabría precisar si son anteriores o posteriores, pero ahí están. Para impedir que los ciudadanos normales que traten de aparcar lo puedan hacer a una distancia determinada de este extraño edificio frente al que vivo. Salvando la indignación que produce un hecho semejante, los hexágonos no habían llamado más mi atención, hasta que hace meses se conviertieron en la vivienda de un lo que antes se llamaba negro y ahora africano o de color o lo que sea. Vamos, que un negro vive en el hexágono, al estilo de San Simeón estilita contemporáneo. Miro, a cualquier hora, y ahí esta. Posa la mirada vagamente sobre la anterior M30 ahora calle30, aunque me da la sensación de que no tiene un ángulo suficiente. Me pregunto en qué momentos va a comer, puede que los restos de los restaurantes de comida rápida que inundan los bajos de mi vivienda. ¿Y si no comiera?. Le supongo un largo viaje antes de su llegada al hexágono pero también le supongo ya descansado de él. Cobarde, no me atrevo a abordarle, aunque alguna vez que he pasado cerca le he visto hablar solo en un idioma desconocido para mi, lo que me hace pensar que no le iria mal algo de charla. Espero que su meditación infinita le traiga todo lo que venía buscando. Aunque todas estas cosas sólo las supongo y su historia puede ser absolutamente otra.
Sunday, 5 October 2014
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